Testimonio de Claire Martin. Bélgica
(Entró en Nueva Acrópolis a los 20 años. A los 23 entró en las Fuerzas Vivas, dentro del grupo de las Brigadas Femeninas. Estuvo en Nueva Acrópolis 10 años y ejerció como Jefa de Filial en Bélgica.)
Testimonio - Mi paso por Nueva Acrópolis (2025)
Cuando entré en Nueva Acrópolis, yo era una persona feliz, optimista, con mucha curiosidad por la vida. Me encantaba la filosofía, la mitología griega, las culturas antiguas, el budismo... Con 20 años tenía un amor auténtico por el conocimiento y por compartir experiencias con otras personas que también buscaban sentido y profundidad. En ese momento de mi vida, estaba llena de entusiasmo y no sospechaba que acabaría atrapada en una organización que, detrás de una fachada cultural y filosófica, funcionaba como una secta.
Los primeros años fueron aparentemente luminosos. Había conferencias interesantes, clases que me nutrían intelectualmente, debates donde podíamos hablar de filosofía y espiritualidad, experiencias de voluntariado social, artístico, ecológico, etc. Todo me resultaba atractivo y, precisamente de ahí se alimenta una secta: de momentos buenos y de vínculos que parecen genuinos. Si todo fuera oscuro desde el inicio, nadie se quedaría.
Una vez me hice miembro, veía algunas prácticas que me parecieron bastante dudosas, la peor fue durante el curso de Psicología Práctica; una de esas pruebas consistía en pegarse bofetadas en la cara con otra compañera, sin poder apartarse o mostrar reacción. Y ahí fue la primera vez que experimenté la disonancia cognitiva. Justificaba lo que me incomodaba porque sentía que formaba parte de algo mayor, de algo espiritual. Además, estaba la presión de grupo, que te empujaba a no cuestionar nada para no quedar como débil o desleal. Y, sobre todo, se instalaba lo que en psicología se llama "indefensión aprendida", te convencen de que no debes cuestionar a los que están por encima de ti, que lo correcto es someterse a la jerarquía, tal y como funciona la naturaleza. Todo ello explicado a través de clases magistrales, apuntes y datos fundamentados en filósofos y civilizaciones antiguas.
En el interior del grupo, la exigencia era inmensa. Había un deber constante, un compromiso total. Y lo peor es que yo misma, de forma inconsciente, iba subiendo esa exigencia. Quería mostrarme digna, demostrar mi fidelidad al ideal acropolitano. Eso me llevó al agotamiento extremo físico y mental, apenas había espacio para descansar, para pensar por mí misma, para ser simplemente yo. Debía demostrar que era una buena discípula con informes mensuales sobre la "Escuela del Discipulado", donde nos poníamos nota sobre las cualidades acropolitanas: generosidad, sacrificio, devoción, mística (combinación de buena voluntad y eficacia), etc.
Antes de conocer NA, había realizado una carrera universitaria con éxitos académicos y me llevaba muy bien con mi familia. Sin embargo, cada año que pasaba iba dejando atrás amigos porque mi pensamiento (ya secuestrado por NA) me decía que la gente no era capaz de comprender tanto como yo, lo que hacía, lo que vivía. Un acropolitano está educado a base de soberbia moral y cree que los demás no entienden nada porque no tienen la suerte de adquirir conocimientos esotéricos.
Terminas por adoptar todo, los comportamientos, la terminología, todo... El sacrificio, la obediencia, el deber son términos que se te graban a fuego, hasta la saciedad. Incluso lo comparan con el sacerdocio cuando empiezas a dar clases, haciéndote creer que eres especial, diferente, mejor, el o la elegida. En Nueva Acrópolis los "hachados" y mandos son tratados como reyes con sus privilegios y atenciones.
Mientras tanto, veía cosas que me impactaban profundamente. El dirigente nacional de Bélgica, F.F., humillaba en público a su propia mujer, llamándola tonta cuando daba una conferencia, con un machismo tan descarado que ni siquiera intentaba disimularlo, como hacían otros mandos. Me confesó en un par de ocasiones que admiraba a Franco y a Hitler y que Jorge Ángel Livraga (o JAL, el fundador de Nueva Acrópolis) había admirado a José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange. En cuanto a las mujeres, la doctrina refleja la servidumbre de la mujer, envuelta en un halo cuasi romántico de "la dama, el caballero y el honor". En cuanto a la vestimenta, por ejemplo, a las mujeres que no tenían la costumbre de llevar vestido o falda se les "invitaba" insistentemente a llevar, ya que era lo propio de una dama.
Mi experiencia como jefa de filial en Bélgica
Las personas que hayan sido fuerzas vivas reconocerán veladas en las que se cuentan las viejas glorias acropolitanas. Se cuentan anécdotas de JAL que impresionan a cualquiera, narradas por algún hachado (dirigente con méritos) o "dinosaurio" (así llaman a los que llevan 30 o 40 años en NA), todos ellos habiendo recibido clases de oratoria, los sentimientos que provocan son de querer comerse el mundo, de "vivir y morir por el ideal". El plano emocional o "astral" crece a límites exorbitados, escuchando palabras grandilocuentes sobre las ceremonias, países y filiales de los primeros 20 años de NA, como si se tratase de aventuras quijotescas y loables.
En uno de esos cenáculos, mi pareja levantó la mano, como poseído por un delirio de grandeza, y dijo que quería abrir una filial. Fue la mejor noticia que podía esperar Nueva Acrópolis Bélgica, pues se trata de un país muy envejecido, con un máximo de una veintena de Fuerzas Vivas y apenas unos pocos miembros.
Los directores nacionales deberían ser completamente transparentes, deberían decir lo que cobra cada uno de estos jefazos, en vez de ocultar su aprovechamiento diciendo que todos los miembros de Acrópolis son voluntarios sin excepción y que el dinero de los miembros se destina únicamente al mantenimiento de las sedes. Yo estuve unos meses como jefa de filial y vi cómo, además, en los informes nacionales había apartados destinados a costear los viajes del director nacional. Al principio, no le di importancia y no miré estos informes con ojo crítico, pues yo me había convertido en "pequeña dirigente" y cada vez daba más dinero a la organización. Esto también lo veía por parte de los "hachados", quienes, por ejemplo, hacían grandes donaciones cuando se abría una nueva filial. El hecho de que cuanto más arriba estabas, más pagabas, me hizo pensar que los directores ponían las mismas cantidades de dinero o más, pero no es así.
Un último dato curioso, cuando mi ex y yo compramos nuestra casa privada y en gran parte de ella montamos la filial, F.F., me instó un buen día a que hiciera un testamento por si a mi pareja y a mí nos pasaba algo, dejar la casa a nombre de Nueva Acrópolis. Ahora con el tiempo todo resulta espeluznante.
Cómo conseguí salir de NA
A todo esto se sumaba mi vida personal, estaba en la organización con mi marido y ambos estábamos muy involucrados en las Fuerzas Vivas y en los inicios de la fundación de una filial, pero llegó un momento en que dentro de mí surgió un deseo profundo: quería ser madre y ya había dedicado mis mejores años a Nueva Acrópolis (de los 20 a los 30 años). Y ahí entendí la raíz del problema: tener familia, aunque no se dijera demasiado abiertamente, era visto como un obstáculo para el "ideal". Todos los acropolitanos que conozco, que han tenido un hijo sin buscarlo, se pasan la vida arrepentidos o angustiados de no poder servir más tiempo a la organización. Toda nuestra vida había girado en torno a la organización, y esta contradicción me estaba rompiendo por dentro. Me sentía fracturada. Por un lado, estaba lo que sentía y deseaba que fuera mi vida propia en libertad; por otro, estaba lo que el grupo me imponía creer y una vida que no me gustaba. Esto sumado a todo el desgaste físico y emocional acabó por quebrarme. El remate fue ver que mi marido se alejaba de mí y de lo que él era. Como si dejara de ser él mismo. Incluso empecé a sentir rechazo por él, porque repetía "como un loro" las mismas frases sobre NA, sobre "una filosofía de vida práctica" y todo un discurso recalentado que yo misma había utilizado anteriormente pero que ahora me parecía vacío y falso. Ahí caí en una profunda depresión con pensamientos suicidas.
Cuando empecé a plantear mi salida, mi expareja no me obligó a quedarme, pero tampoco me comprendió. El dirigente de Nueva Acrópolis en Bélgica (F.F.) mantenía con él una comunicación constante: correos, reuniones privadas, cartas donde le repetía que más importante que la familia, más importante que una esposa, es el ideal. Poco a poco vi que mi marido cambiaba, que ya no me trataba igual. Notaba una enorme presión de NA sobre él.
F.F. decía a mi exmarido que mi depresión y mis pensamientos suicidas eran un invento mío, una manipulación. Esos pensamientos solo se los había confiado a mi excompañero, con total confianza y por miedo, no con la intención de actuar, sino expresando el temor que esas ideas me causaban. Puesto que, en Nueva Acrópolis, los dirigentes son "confidentes" a quienes se puede confiar todo, mi exmarido se lo comunicó a F.F. Este mensaje —que mi depresión era un invento— legitima el abandono afectivo y destruye la empatía. Se trata de un mensaje que rompe los vínculos íntimos, fomenta la lealtad exclusiva hacia la organización y normaliza el sacrificio de la propia humanidad en favor de la estructura sectaria.
Más tarde, Toni se reunió conmigo para disculparse e intentar convencerme para que volviera a NA y abrir una filial en España, él pensaba que me volverían a convencer. O quizás tenían miedo de que hablara y por eso me estaba tratando tan bien. Yo rechacé toda oferta, pero unos años más tarde me di cuenta de que todo lo que Toni me dijo fue mentira y más manipulación por parte de NA. Me prometió que quitaría a F.F. de su puesto de director nacional. Durante diez años todo ha seguido igual. F.F. ha seguido de director nacional y mi expareja sigue montado en la pirámide acropolitana meritocrática, instrumento para cualquier "ego espiritual" competitivo; en realidad lo que se promueve es la avidez de poder entre aquellos que tienen deseos de ser jefe y delirios de hacer de este "un mundo nuevo y mejor".
Confieso que yo misma, cuando acepté ser jefa de filial, me sentía especial, imbuida de una misión excepcional. Y, tras haber sido denigrada por mi director nacional y, posteriormente, adulada por él mismo en cuanto a mis capacidades, entendí este mecanismo: ellos te usan a su antojo.
Me sentí profundamente traída y abandoné un país que no era el mío. Sola, incomprendida, traicionada por mi marido, amigos y "familia" acropolitana.
Por qué cuento mi experiencia ahora
Denuncio y escribo mi testimonio más de diez años después porque durante mucho tiempo me avergoncé. Me juzgué a mí misma por haber creído y por haber permanecido; temía que quienes me leyeran me juzgaran también. Tenía miedo de las represalias, miedo de ser reconocida y otra vez condicionada, miedo sobre todo de revivir todo el malestar, de abrir heridas que temía no poder soportar.
Me resulta insoportable que una organización sectaria, presente desde hace más de cincuenta años en el mundo y objeto de cientos de denuncias, siga activa, y sobre todo que uno se vea obligado a no poder denunciar porque, si lo haces, NA responde demandándote por difamación por una cuantía de cientos de miles de euros. Estamos completamente desvalidos.
Me ha llevado muchos años dejar atrás mi paso por NA, nunca encontré ningún psicólogo que me pudiera acompañar o entender, ahora veo que hay más especialistas en estos temas que hace 10 años. Este blog constituyó un antes y un después, releer testimonios con vivencias y sentimientos afines, me hizo comprender y profundizar, sentirme menos sola, más comprendida.
Cuando dejé NA, pensé que yo había sido la culpable de que mi matrimonio se rompiera porque los últimos dos años nuestra relación fue a menos. Nuestras discusiones en esos últimos años empezaron a aparecer, sobre todo cuando salíamos de reuniones de fuerzas vivas, yo cada vez estaba más agotada, apagada y enfadada con lo que allí hacíamos. Me culpabilizaba a pesar de las presiones de los dirigentes belgas a mi marido por miedo a que él también se fuera y querer separarlo de mí, cosa que yo sabía, y me quemaba por dentro.
Sin embargo, ahora soy consciente del declive emocional, moral y físico que yo sufrí en esos últimos años al cargarnos de más y más responsabilidades acropolitanas junto con las incongruencias que se iban sumando a medida que me adentraba en el círculo de dirigentes. Desde aquí pido perdón a aquellos que entraron a NA recomendados por mí, entre ellos mi ex.
Siento de corazón los abusos de poder que cometí al entrar en la escalera automática acropolitana de colocarme por encima o por debajo de los demás. Mi única manera de poder hacer algo a día de hoy es que no queden en el olvido las injusticias vividas por mí y por tantos en esta secta, que no se silencie la mentira y el engaño. Al final, mi exmarido eligió quedarse en Nueva Acrópolis. Yo elegí salir.
Le propuse vivir en España conmigo, al país donde me crie y regresé, lejos de la traición que viví en la pequeña Bélgica. Sin embargo, mi ex le debía fidelidad a NA Bélgica. Él pertenecía al Cuerpo de Seguridad y uno de sus códigos de honor era protección y obediencia a su DN, me dijo que había recibido tanto en NA Bélgica, que ya no podía irse de allí.
Pero sin duda, el detonante final que me salvó fue la carta de F.F. dirigida a mi marido, la adulteración más flagrante de la dignidad y el respeto hacia un ser humano y hacia las relaciones de pareja.
"Nosotros somos los mismos de siempre, abrimos las puertas de bronce de la historia", se vanagloriaba JAL, como si solo de los acropolitanos dependiera la mejora y la conciencia del mundo. Además de la ideología radical, las estructuras de Nueva Acrópolis están completamente podridas, y eso ocurre desde el inicio, desde el propio JAL y, quien sea de verdad amante de la investigación, podrá descubrirla en sus escritos, pero siempre por favor, con espíritu crítico, cosa que en NA se desdeña en aras de coartar la libertad individual.
Si aún estás dentro y estas palabras resuenan en ti a pesar de la disonancia cognitiva que debes sentir al leerlas, sabe que es posible salir. Si has conseguido salir y ver que, en realidad, la caverna de Platón es la mismísima Acrópolis con esclavos, mi más sincera enhorabuena. Ahora sí está más cerca la Verdad, la Justicia, el Amor y la Bondad de las que tanto hablan dentro.
Claire, 2025